Primeros sueños y temores nocturnos

El sueño de los seres humanos varía de acuerdo a las edades. Como padres es fundamental que sepamos cómo es el sueño de acuerdo al tiempo de vida de nuestro bebé o niño, para saber cuándo aquello que para nosotros es raro puede ser normal, y cuando sobrepasa lo establecido por las leyes naturales.

El sueño del bebé

En las primeras semanas de vida, para poder dormirse el bebé necesita el contacto con los padres, eso es lo único que le brinda seguridad en esos momentos; por eso, puede ser muy bueno acostarlo en la cama de los padres, para que sienta el contacto físico y el aroma de sus progenitores, y una vez que se encuentra dormidito, se pasa a su minicuna o cuna.

En algunos casos, basta con acostarlo en su cochecito de bebé y quedarse cerca de él. Lo importante es que no lo dejemos librado a su suerte; luego de haber estado 9 meses en la seguridad del seno materno, la criatura necesita asegurarse de que tendrá afuera la misma contención que allí, pues todo lo nuevo que le rodea le resulta sumamente amenazante.

Cuando el bebé ya tiene cuatro meses, y este período se alarga hasta los ocho, se encuentra en condiciones de contar con un objeto transicional, o sea, cualquier elemento con el cual el niño se sienta seguro, acompañado. Puede ser un peluche, un trapito, una almohadita, etc, se abrazará a él al momento de irse a dormir y comenzará a chuparlo, de este modo se sentirá protegido y a salvo. Este objeto es fundamental para superar la angustia de la separación, la madre ya no está tan pendiente, entonces debe reemplazar esa sensación de seguridad con ese preciado elemento.

Los temores nocturnos

A partir de los dos años empieza la etapa crítica para el niño, en este período es frecuente que surjan trastornos de sueño, tales como pesadillas y miedos nocturnos; estos son normales, pero debemos estar atentos para evitar que se hagan crónicos.

En esta etapa el niño hace una regresión, desea volver a la cama de los papás y es necesario ser firmes: ¡el niño debe dormir en su cama! Pero también, debemos ser comprensivos e intentar ayudar a nuestro pequeño a superar esos miedos, brindándole cariño y apoyo. Obligarlo a dormirse a la fuerza, sólo ayudará a que los miedos se acrecienten, si siente que puede confiar, en que sus padres acudirán si le ocurriera cualquier cosa, el peque se dormirá más tranquilo.

Es de vital importancia que como padres procuremos el bienestar de nuestros niños, por eso, ante la presencia de miedos nocturnos, el diálogo y la comprensión pueden ser las mejores herramientas para ayudar al pequeño a superarlos y a sentirse seguro en su habitación.

Cabe aclarar que si estos miedos nocturnos persisten y si como padres no acompañamos de la forma eficaz a nuestros pequeños, más adelante surgirán otros problemas más difíciles de manejar para el niño, como insomnio o miedo crónico, los cuales se manifestarán con conductas inadecuadas, como por ejemplo, orinarse en la cama.

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